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Tiña Inguinal

La tiña inguinal o tinea cruris en latín, es una micosis superficial que aqueja la zona inguinal y se puede extender hacia los glúteos sin afectar por lo general genitales. Se presenta en adultos de ambos sexos, más en hombres que mujeres en proporción de 3:1, en niños es infrecuente. Se caracterizada por lesiones elevadas de la piel (placas), eritematosas con un borde descamativo y rojo que manifiesta intensa picazón (prurito) por lo general nocturno.

La tiña inguinal está dentro del grupo de micosis superficiales denominadas dermatofitosis y son causadas por hongos que se alimentan de una proteína de la piel pelos y uñas llamada queratina, Estos hongos son llamados dermatofitos que incluyen tres géneros: Trichophyton, Microsporum y Epidermophyton. Clínicamente las dermatofitosis se denominan con el término tiña o tinea seguido de su sitio de localización y los hongos más frecuentes en la tiña inguinal son el Trichophyton rubrum y Epidermophyton floccosum. Se considera una micosis cosmopolita, pero se presenta más en climas cálidos y húmedos.

Su trasmisión es por el contacto directo (persona a persona), por el mismo paciente a través de las manos contaminadas posterior al rascado de una lesión a distancia casi siempre una tiña de la uña y del pie o la postura de la ropa interior; y el contacto indirecto a través toallas, cojines y el intercambio de ropa. Los factores predisponentes es el exceso de sudoración (hiperhidrosis) o personas que permanecen mucho tiempo sentados como choferes u oficinistas. El cuadro clínico se complica por la automedicación en especial la utilización de esteroides tópicos que al principio bajan el enrojecimiento y la picazón, pero posteriormente ocurre una diseminación acelerada de las lesiones con atrofia de la piel y la aparición de estrías en la piel afectada. Los diagnósticos diferenciales son la candidiasis, eritrasma, dermatitis de contacto, psoriasis invertida, neurodermatitis.

El diagnóstico lo realiza el dermatólogo por las características clínicas de las lesiones y su confirmación con el estudio micológico que comprende la toma de muestra por raspado de las lesiones para la obtención de las escamas superficiales, su visualización al microscopio para la observación de los hongos en forma de hifas y su posterior cultivo para la identificación del agente responsable de la micosis.

El tratamiento elegido por el dermatólogo siempre debe comenzar por las medidas generales y de higiene. En las lesiones incipientes se basa en la prescripción de ungüentos o cremas antimicóticas por varias semanas y en las de mayor extensión o cronicidad la combinación de antimicóticos locales y sistémicos vía oral como la Terbinafina, Itraconazol o Fluconazol.

Figura 1: Contribución de Gómez-Daza, Fernando

MSc. Fernando Gómez-Daza
Universidad de Carabobo, Valencia, Venezuela